63
San campanas. Otrosi que no los gisandes coman ilespues de
hartos, ni los ninos mamen despues de destetados. Execütese
la justicia de l)ios en los condenados ä muerte; liablen ä vosotros
los del preste Juan de las Indias , y no sean entendidos.
Las maldiciones de Sodoma, y Gomorra, Dathan, y Abiron caigan
y vengan sobre Luthero y sus consortes. Los hombres de
ochenta anos quieran tener padres ä quien obedecer, y no los
hallen. Las mugeres viudas despues que pierdan sus maridos
no puedan dormir con ellos. Los perros den tantos gritos de
noche y hagan tan grau lamentacion, que de pura hambre y frio
no hallen quien Ies de aforros de martas en que se envuelvan.
El Tiber salga tan furiosamente de madre, que no halle padre
que le mande so pena de su maldicion que vuelva a lo que
solia, törnese de color de sangre al modo del cardenal Cesarino.
Los negociantes, de que dieren sentencia contra ellos,
vayan tan descontentos, que demanden justicia ä Dios. Vengan
en esa tierra tantas necesidades, que los ricos hayan menester los
servidores, y los pobres anden ä. pedir pordios; captivos sean
los esclavos; anden pidiendo de puerta en puerta los frailes de san
Francisco, y no hallen quien les haga limosna en todas las casas.
Corridos y trabajados se vean los toros, y las vacas y bueyes que
llevaren a la carniceria, mueran sin testamento. De Dios tanta
esterilidad en esa tierra que ni las piedras Heven pan , ni los campos
ducados. Malditos, y descomulgados y anatematizados sean
los antepasados del Turco. Quieran hablar los mudos, y no puedan,
y los que mucbo hablaren no paren basta que den con las cabezas
en las paredes como meines desbocados. Los ciegos hayan
menester quien los administre para su descanso. Enmudezcan los
muertos. En la mar por enero baga tanta tempestad y terremotos
que en el estrecho de Gibraltar no se navegue sin navios. Y haciendo
Io que nos quisieremos, os hemos por piiblico (pu c0 ) Papa,
nuestro superior en lo espiritual, ni os anatematizamos ni descomulgainos,
y disimulamos cualquier tesoro que tengais, dandonos
del tal parte que no seamos de terceros quintos.
Dada en Tordesillas en la camara de mi datario el obispo de
Niza donde se habla de las cosas de buen seso.